Estamos cansados... pero ya pasará

La caótica situación de los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa, la vinculación corrupta entre gobiernos locales con crimen organizado, la desastrosa logística de parte del gobierno estatal para manejar la información, la nula capacidad de respuesta y tranquilidad del gobierno federal, encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto, y no sé si la sarcástica o descabellada respuesta de Jesús Murillo Karam, Procurador de la República de decir: “Yo ya me cansé”, en la conferencia de prensa en torno a la desaparición de los normalistas desaparecidos, esto es lo que acontece desde hace poco más de un mes en nuestra nación.

Y como es común en nuestro “lindo México”, no se hicieron esperar las reprimendas, los ataques e improperios al gobierno que preside Enrique Peña Nieto pidiendo su renuncia en marchas, redes sociales y en cualquier lugar donde la voz del “buen mexicano” lleno de civilidad, buenas acciones y de una moralidad incuestionable sea escuchada ante el clamor de “justicia”.

Pero he aquí donde comienza una serie de circunstancias y situaciones que parecen paradójicas y al mismo tiempo son el reflejo de la incongruente ideología mexicana y del mismo modo se crea el círculo vicioso de esperanza por lograr las cosas por arte de magia. A qué me refiero con esto; pedir la renuncia de un presidente después de dos o tres años de mandato es algo tan predecible en nuestro país como la salida del sol por la mañana; prácticamente desde el sexenio de Miguel Ávila Camacho, cada uno de los mandatarios mexicanos ha escuchado los gritos de la población pidiendo que presente su renuncia. Díaz Ordaz, Echeverría, que decir de Salinas o Zedillo, Fox, Calderón y ahora “como es costumbre” le toca a Peña Nieto escuchar el mismo grito vacío de la “sociedad” mexicana.

Esta manera de resolver los problemas del mexicano, al estilo “la mexicana”, dejar todo a medias e irme, es lo mismo que se le pide al presidente: ¡Váyase si no puede!, excelente propuesta, sólo que lo importante y realmente trascendente sería saber: ¿Y a quién ponemos?.

Muchos dirán, cualquiera está más capacitado para dirigir al país y no el tal por cuál del presidente que tenemos; muy bien y la pregunta ahora sería ¿Y dónde están esos “cualquiera”? porque es fácil refutar está teoría, ya que los últimos nueve presidentes mexicanos han sido cuestionados y puestos en duda sus capacidades administrativas por gobernar el país, o sea que durante más de 50 años han surgido diferentes “cualquiera” y nunca se está conforme con el resultado.

Es interesante como durante años se culpa al gobierno por todo lo que sucede, y sexenio tras sexenio la fe del mexicano brota por esperar al vengador de la justicia que nos lleve, de manera paternalista, al progreso y a la “salvación.

Al verse que estos reclamos no llevan a nada, surge desde dentro de cada mexicano el grandioso concepto de: “Ahora sí, ya estamos hartos”. Bien, muy bien, que bueno que estamos hartos de la corrupción, de la impunidad y de la incompetencia del gobierno, pero la pregunta aquí sería: ¿Ya estamos hartos de estar hartos desde hace más de 80 años?

¿De qué estamos hartos?, si lo que sucedió en Ayotzinapa es la huella de cada gobierno. El síndrome del mexicano es el de Wernicke-Korsakoff, cuyo síntoma principal es presentar problemas severos en la memoria; y aquí es donde todos los actores del problema de Ayozinapa, incluyendo a la ciudadanía, están sufriendo.

Empecemos con los malvados, tiranos, corruptos y cualquier cantidad de adjetivos descalificativos que encontremos para estos seres inhumanos, cercanos a las bestias de los cuales “estamos hartos” pero cada tres años, o cada seis años votamos por ellos, por el menos peor, por el menos malo, y cuando hacen actos deplorables nos sorprendemos de su actuar y decimos ¿Cómo es posible? ¿Cómo pudo llegar a ser presidente municipal, diputado, senador o presidente de la República? El síndrome de Wernicke-Korsakoff haciendo sus efectos en el mexicano; ciudadano “comprometido”, esos señores llegaron hasta donde están porque usted y muchos más votaron por él y si no fue así, es porque se conformó con elegir al “menos malo” o “al menos peor”, en ese momento no estaba harto ni cansado por exigir candidatos competentes, pero en fin esa es otra gran historia.

Regresemos con esos parias políticos, comenzando con el ahora ex gobernador de Guerrero Ángel Heladio Aguirre Rivero, los problemas de memoria lo llevó a estar involucrado en una situación, si no igual casi parecida, por la cual llegó a ser gobernador de los guerrerenses de manera interina entre los años de 1996 a 1999, ya que su antecesor Rubén Figueroa Alcocer pidió licencia, como consecuencia de la conocida, y olvidada Matanza de Aguas Blancas, donde la policía disparó en contra de campesinos que pertenecían a la OCSS (Organización Campesina de la Sierra del Sur). Y en ese momento la población del estado de Guerrero, ya estaba harta y cansada del gobierno, pidió la renuncia del gobernador Figueroa y entró Aguirre Rivero, en aquel momento perteneciente al PRI (Partido Revolucionario Institucional).

¿Qué hizo la sociedad harta y cansada de Guerrero? Nada, gritó y gritó, se quejó y se quejó y ahora se encuentran en una situación similar a la de hace 18 años; quitaron y pusieron al que hoy es tildado de un estúpido, en el mejor de los casos.

Guerrerenses y mexicanos, Ayotzinapa no es cosa de la casualidad, es producto de la causalidad ¿Cuál es la causa real que provoca tal suceso? La respuesta es nosotros mismos; el gobierno es producto de nosotros, los presidentes municipales, senadores, diputados, regidores, presidentes de cámara, república y demás políticos son producto de nuestra sociedad de la que nos sentimos sumamente orgullosos de presumir en el extranjero. Ningún político viene de Europa, o son ajenos a nuestro país, son ciudadanos mexicanos que forman esta nación. El mexicano siempre tildando al gobierno de sus males, pero su más profundo deseo es ser parte del gobierno y vivir del presupuesto.

Ahora toca el turno del presidente municipal de Iguala y su esposa, la famosa “pareja imperial”, ¿Cómo es posible que sea presidente municipal un capo o al menos miembro del crimen organizado? Esto es inconcebible, el PRD (Partido de la Revolución Democrática) no se dio cuenta de la clase de persona que era el candidato. Preguntó yo ¿Y los ciudadanos que votaron por él?, ¿no se dieron cuenta de la “joyita” que llevaron al poder? Hasta donde tengo entendido, José Luis Abarca llegó a donde llegó por una elección democrática, donde mucha gente fue a votar por él; es que el crimen organizado estaba detrás de él, será la justificación de algunos y entonces, ahí ¿ya no estaban hartos los pobladores de Iguala de saberlo y se cansaron de hacer o decir algo?

Su esposa María de los Ángeles Pineda Villa, la “Lady” de Iguala, vinculada al cartel de los Guerreros Unidos, ¡qué cosa, qué corrupción! Claro ¡qué cosa, qué corrupción! Y añadiría ¡Qué falta de memoria! Recuerdan a un Gregorio Sánchez alías “Greg”, ex alcalde de Cancún y vinculado a “Los Zetas”. A Jorge Hank Rhon, ex alcalde de Tijuana, al diputado federal Julio César Godoy Toscano, o el exgobernador Mario Villanueva Madrid detenido en el 2001 y un sinfín de ejemplos más; si ya estamos hartos y cansados hoy, ¿por qué no hicimos nada ayer? Por eso los políticos se ríen de nuestros clamores y gritos al aire, estamos hartos mientras esté de moda la noticia, estamos felices porque ya es costumbre vivir así.

Si Murillo Karam está cansado, nosotros también; estamos cansados de estudiar, de trabajar, de ayudar, de servir a nuestro país. ¡Malditos gobernantes que gastan nuestro dinero!, y cuántos gastan el dinero de sus patrones, cuántos reciben un sueldo por no hacer nada, siendo un diputado más o un senador más de la sociedad (si es que existe) mexicana.

Ahora vamos a lo más complejo, mediático, paradójico de la situación de los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa, por los cuales hoy México se une en un solo sentimiento de impotencia y desagrado por lo acontecido.

Sería bueno refrescar la memoria, esa memoria tan deteriorada del mexicano y remontarnos al año 2011, específicamente al día 12 de diciembre, a la autopista del Sol en el punto conocido como “Parador del Marqués”; ese día dos estudiantes murieron en un enfrentamiento con la policía, pues tenían bloqueada dicha carretera.

Tal vez los estudiantes de la escuela Isidro Burgos tengan en sus recuerdos los nombres de Jorge Alexis Martínez Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, compañeros muertos por las balas de los policías aquel día; pero pareciera que olvidaron un nombre más, una persona que murió por causas de sus actos vandálicos a una gasolinera y por la cual ningún participante de aquella trifulca fue detenido. Piden justicia los padres de los ahora desparecidos y México entero pide que se esclarezcan los hechos y ¿por qué no empezamos a buscar a los manifestantes de la escuela Isidro Burgos que provocaron la muerte de Gonzalo Miguel Rivas Cámara? Gonzalo murió a causa de la violencia desatada por aquellos normalistas que prendieron fuego a una gasolinera.

Qué fácil es culpar al gobierno de que no hace su trabajo, y el trabajo de un normalista es prender fuego a una gasolinera, pregunto yo; si no se escuchan mis demandas, entonces tengo que recurrir a la violencia, al secuestro, a lanzar piedras a los policías. Ser normalista me da derecho a infringir la ley para que mis demandas sean escuchadas. Menuda situación a la que hemos llegado, es una tragedia la desaparición de una persona, pero también es terrible que vándalos y criminales crean que ir a la escuela o estar matriculados en una institución educativa los haga estudiantes y al mismo tiempo impune a la ley.

Un integrante de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, aceptó que se secuestraron camiones el día de los hechos; tal vez el grito de justicia y de no corrupción debería de ser: “Se los llevaron vivos y vivos los queremos para que paguen por el crimen de secuestro”.

Ahora resulta que si soy estudiante y el gobierno no escucha mis reclamos, puedo utilizar el vandalismo, la violencia y el crimen para desatar mi furia. Los estudiantes no se tapan el rostro, los habitantes de Guerrero desde hace varios años tienen estereotipado a estos “estudiantes” como unos criminales y muchos de ellos los llaman en tono despectivo como “Ayotzinapos”.

La escuela Normal Rural Isidro Burgos ha tenido entre sus filas a los “ilustres” guerrilleros Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrietos, este último pasó a la historia como quien perpetró el secuestro del candidato Rubén Figueroa; ¿eso es lo que debe hacer un normalista?. Pero continúa la queja de que el gobierno no cumple con su trabajo, es que será que los mexicanos no cumplen o cumplimos con nuestro trabajo. Ahora basta ser estudiante para justificar un secuestro.

Será que estos “estudiantes” desparecidos fueran carne de cañón de unos u otros grupos políticos o delincuenciales, o peor aún de sus propios líderes para justificar actos de criminalidad posteriores, como la quema del Palacio de gobierno de Guerrero; jóvenes el Palacio de gobierno de Guerrero no es del gobierno, es patrimonio de los mexicanos y no hay derecho de destruirlo por más violencia u odio que se quiera demostrar, para eso están las propiedades de sus enemigos.

Hagamos memoria, los antecedentes de la escuela de Ayotzinapa no son propiamente recuerdos de luchas por la educación o la mejora del país, en todo caso está más relacionada con promover la violencia (guerrilleros) con afectar el tejido social, y por vínculos turbios con delincuencia como lo sucedió en 2011 donde los pobladores de Iguala vinculaban a los “Ayotzinapos” con grupos de tráfico de drogas ¿será? Es bien sabido que los normalistas apoyan o engrosan las filas de grupos como el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente. ¿Un estudiante y un futuro normalista deben promover esto?

Dañar a terceros, como bloquear avenidas, autopistas, saquear comercios, ¿eso es lo que llevará al país a una mejora? Los estudiantes se supone que estudian y no secuestran camiones o piden cuota. El país del “se supone”, de lo que se supone deberíamos de hacer, pero dejamos que los demás lo hagan por nosotros.

Esta situación es producto de nuestro propio México, de nuestra hermosa gente que se escandaliza de que un policía esté vendido al crimen organizado pero que quisiéramos se vendiera con nosotros cuando cometemos un delito.
Criticamos a los diputados por ganar millones o cientos de miles de pesos, argumentando que no hacen nada, pero que felices somos todos los no diputados o senadores cuando vemos la forma de no hacer nada en nuestros trabajos y recibir un sueldo por algo que no hicimos o dejamos de hacer.

Renuncien todos, como si esa fuera la solución, y la pregunta es ¿y a qué renunciamos nosotros, a qué renuncio yo? ¿Hemos renunciado a ser impunes cuando cometemos un delito?, ¿hemos renunciado a culpar a los demás? ¿Hemos dejado de estar hartos o cansados de hacer lo que nos corresponde?

Ahora salimos a marchar, en lugar de quedarnos a trabajar, ahora salimos a saquear en lugar de ayudar, ahora pedimos la renuncia, sin tener la menor idea de quien será ahora la cabeza. Podrá ser ese candidato que dice ahora no conocer a sus más allegados y “gallos” políticos; ese político que se dice del pueblo y vive como rico o peor aún, se interna en los hospitales de los que tanto odia. La nueva cabeza será aquella candidata que juró y gritó a los cuatro vientos que ella defendería a México; después de las elecciones ni en México vive. O será que ese líder está en mí, no para llegar al gobierno y corromperme por las mieles del dinero o el poder, será que está en mí, en de hacer lo que debo hacer por mí y mi país, y no escudarme en mi rol para dejar de hacer lo que debo para hacer lo que me conviene.

Por qué no nos cansamos de culpar a los demás y aceptar nuestra responsabilidad; si no consumieran drogas no habría negocio para el narco; si no escucharan los narco corridos no habría mercado que los produjera, si no aceptáramos a cualquier persona como candidato no llegarían al poder, si buscáramos estudiar no tendríamos que secuestrar camiones, si quisiéramos ayudar al otro mexicano, no estaríamos viendo cómo aprovecharnos de él.

Las sociedades se forman por individuos y esos individuos son los que le dan vida a la sociedad, nuestra sociedad es por lo que la constituye: gobierno, estudiantes, porros, delincuentes, niños, maestros, profesionistas y cada uno de los individuos que la conforman.
La postura no es quedarse callado, ni no exigirle al gobierno, si no buscar los porqués de lo que vivimos, ver nuestra aportación a esta sociedad y reclamar cuando yo cumpla cabalmente por aportar algo mejor a la sociedad.

Desaparecer jóvenes no es la solución para callar las exigencias del pueblo, como tampoco la solución es destruir las calles y saquear comercios para ser escuchado; la solución es hacer de nosotros un mexicano que pueda estar libre de culpa y arrojar la primera piedra, que pueda exigir justicia siendo justo, que pueda exigir un rechazo a la corrupción no siendo corrupto, que pueda exigir a los gobernantes que hagan su trabajo, nosotros cumpliendo con el nuestro, que seamos mexicanos hartos de ser los mismos mexicanos que se han quejado por quejarse durante años.
Si no queremos vivir con esto, ¿qué estamos haciendo por cambiarlo?