Mandatos culturales de la masculinidad producen homofobia y sexismo: Marta Lamas.

La profunda crisis civilizatoria que se presenta en esta etapa del capitalismo ha propiciado, además de severos cambios económicos, un conjunto de prácticas clasistas, sexistas, racistas, homófobas y transfóbicas, por lo que resulta prioritario reconstruir el tejido social mediante un nuevo contrato que garantice el acceso a la justicia y a los derechos económicos y sociales, aseveró la antropóloga Marta Lamas.
Durante la conferencia “Género y Universidad”, la feminista mexicana indicó que para lograr lo anterior se requiere de un cambio de mentalidad, así como del desarrollo de herramientas pedagógicas capaces de movilizar la solidaridad y el respeto.

Ante cientos de estudiantes reunidos en el auditorio “Fernando Díaz Ramírez” de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), señaló que los mandatos culturales de la masculinidad y la feminidad derivados de la construcción del género producen sexismo, homofobia y transfobia, pues el orden social hace aparecer como naturales a situaciones, cuestiones y relaciones construidas a través del tiempo y que los seres humanos han internalizado en su inconsciente.

Dijo que la heteronormatividad es un mandato de género que afecta por igual a hombres y mujeres ya que la ignorancia sobre el papel del género en la estructuración de la orientación sexual produce rechazo y discriminación e impide tratar como ciudadanos iguales a homosexuales y transexuales.

VISIONES ARCAICAS

Lamas subrayó que dichos mandatos conectan las dimensiones psicosexuales de identidad al amplio rango de los imperativos sociopolíticos y económicos del género, es decir, de la idea de lo que se cree es propio de hombres y mujeres: “Es un conjunto de suposiciones y prácticas desplegadas por los seres humanos que se viven como naturales por la creencia de que se desprenden de las diferencias sexuales”.
En su opinión, la tarea de la universidad consiste en mostrar cómo la vida social está conformada por visiones arcaicas y equivocadas de lo que constituye a hombres y mujeres, además de educar en cómo mediante la crianza, el lenguaje y las prácticas se internalizan los mandatos de género.

Fotografía Cindy Sherman

PREJUICIOS HACIA EL FEMINISMO

No obstante, la antropóloga mencionó que los prejuicios hacia el feminismo han impedido comprender que el género no es un asunto de mujeres, sino una compleja lógica cultural con resonancias psíquicas que tiñe todos los campos de la vida social, incluido el trabajo científico.
“El feminismo tiene mala fama y el estigma hacia los estudios de género persiste en muchos académicos y no se asume la investigación y la comprensión del género como una prioridad científica”.

En México, aseguró, las universidades necesitan mejorar sus estrategias de investigación e innovación para obtener no sólo una mejor rentabilidad de la inversión en capital científico y técnico, sino para lograr recomponer el tejido social, lo que implica abordar las configuraciones problemáticas que expresan los sufrimientos y miedos actuales.

Estas configuraciones, entre ellas las relaciones de género, perturban la vida social, dislocan el funcionamiento de las instituciones y amenazan con invalidar categorías enteras de sujetos sociales, dijo.

La fundadora de la publicación Debate Feminista, agregó que la atribución de características, sentimientos y habilidades diferenciadas entre hombres y mujeres responde a una serie de prohibiciones simbólicas, en la que el género funciona como un filtro cultural para interpretar al mundo y a la vez como un freno que constriñe las acciones de las personas dependiendo de si tienen cuerpo de mujer u hombre.
Mencionó que los mandatos de género producen disposiciones básicas que tienen consecuencias negativas, y ejemplificó con el ideal masculino de la virilidad favorecedor de identificaciones heroicas y objetivos de acción prestigiosos y gloriosos que desactiva cuestionamientos sobre la peligrosidad de algunos trabajos, en tanto que la carga simbólica de la feminidad hace que las mujeres se realicen mediante la abnegación y el sacrificio personales.

NECROPOLÍTICA Y MANDATO DE LA MASCULINIDAD

Marta Lamas puntualizó que no tomar en consideración los mandatos de género en los análisis sociopolíticos conduce a graves fallas, como las registradas al analizar el proceso de brutal violencia que vive México: “Generalmente se interpreta como la consecuencia de un vínculo entre la delincuencia organizada y la política corrupta, y se olvida el papel que tiene el mandato de la masculinidad”.

De esta manera indicó que los varones tienen una mayor disposición para la crueldad manifestada a través de la tortura, decapitaciones, y desollamientos porque el entrenamiento para volverse masculinos los obliga a pelear, a demostrar que no tienen miedo y que son capaces de todo.

La también editorialista del semanario Proceso, subrayó que al internalizar este mandato a los hombres se les dificulta comprender el papel que juegan en un sistema en el que están estrechamente entretejidos el poder, la economía y una virilidad depredadora.
“Así, los varones que utilizan como forma de trabajo la tortura, el secuestro y el asesinato con una crueldad ultraespecializada y que en su mayoría son pobres y marginales, no sólo matan y torturan por dinero, sino que también al hacerlo afirman su virilidad”.

Apuntó que la perspectiva de género que se fija solamente en lo que les pasa a las mujeres, se desentiende de analizar el “terrible” vínculo existente entre la necropolítica y el mandato de la masculinidad.Insistió en que para transformar estas suposiciones de género se requiere un trabajo educativo antidiscriminatorio y esclarecedor que deconstruya los mandatos culturales y cambie la percepción de lo que es propio de hombres y mujeres.

Fotografía Aviva Rahmani

CUERPO FEMENINO Y MATRIMONIO IGUALITARIO

Lamas mencionó que la desigualdad procreativa entre mujeres y hombres ha sido la base material sobre la cual se ha desarrollado la subordinación social femenina. Destacó que la “ceguera” sobre lo que implica para la subjetividad de una mujer llevar a término un embarazo no deseado, es uno de los obstáculos mayores para la despenalización del aborto y para su transformación en un servicio médico.
Al subrayar que el cuerpo femenino no es un medio sino un fin en sí mismo, la antropóloga llamó a respetar las decisiones de las mujeres en materia sexual y procreativa libres de imposiciones religiosas.

La integrante del Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, calificó como “necesario” que el Estado mexicano garantice a las mujeres el derecho a elegir, así como el acceso a la educación sexual, anticonceptivos, métodos de procreación asistida y a la interrupción legal del embarazo.

Al hablar sobre el matrimonio igualitario, la feminista destacó la tesis 43/2015 emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en junio pasado mediante la cual estableció que el matrimonio no sólo es la unión entre un hombre y una mujer, sino que puede ser también la unión de hombres o dos mujeres.

“En el nuevo criterio de la Corte se estipula que la finalidad del matrimonio es la protección de la familia como realidad social y no la procreación, se convierte en legal y obliga a todos los jueces a seguir este criterio en todos los amparos que se interpongan en cualquier entidad federativa. Así, las parejas gays puede solicitar su matrimonio en cualquier estado respaldadas por la Suprema Corte que también manda el mensaje a los congresos locales para que modifiquen sus leyes homófobas por ser anticonstitucionales”.

Por último, señaló que la transformación social debe tener como palanca de cambio la educación para lograr una conciencia crítica capaz de provocar en las personas el rechazo de los aspectos negativos de nuestro legado cultural como el sexismo, la homofobia y la transfobia.
Marta Lamas participó en el tercer aniversario de Género UAQ, proyecto que tiene por objetivo transversalizar la perspectiva de género en esa casa de estudios, y el cual está coordinado por Martha Patricia Aguilar Medina.