Filth

Filth (Escoria) es la tercera novela de Irvine Welsh (Trainspotting) y que Jon S. Baird adaptó a la pantalla; integrando en ella a excelentes actores ingleses. Como al parecer ya es costumbre en Welsh la historia tiene la intención de ser una comedia negra, en un mundo en donde las drogas y los excesos tienen un lugar privilegiado. Mucho se han comparado Trainspotting con Filth, sin embargo, creo que son totalmente diferentes, si tienen un par de similitudes en cuanto a la locación y a la evasión de la realidad por medio de las drogas, pero nada que ver entre una historia y otra.

Ambientada en Escocia, la historia nos presenta a Bruce Robertson (James McAvoy) un detective con problemas de adicción a la cocaína, al alcohol y al sexo, que anda tras un ascenso y para conseguirlo creará un caos alrededor de él, haciendo malas jugadas a sus compañeros Ray Lennox ( Jamie Bell ) y Amanda Drummond (Imogen Poots) por mencionar algunos. El caótico mundo interno de Bruce convierte en una alucinación la carrera por ese ascenso que representaría también el recuperar a su mujer y a su hija.

Para mi Filth llegó más allá de ser una comedia negra, creo que raya en lo dramático, es cierto que el humor negro predomina y para los amantes de este género la película resultará estupenda, pero los niveles de decadencia son muy altos, es una película que raya en lo grotesco, con imágenes explicitas de lo que puede ser la degradación por adicciones en una persona. Definitivamente no es apta para todo tipo de público, pero si logran superar su aversión a la crudeza de la película, serán recompensados con una de las mejores actuaciones de James McAvoy, que si bien, ya algunos directores hay tratado de llevarlo a papeles que lo sitúan en la decadencia, es Baird quien logra llevarlo a este extremo de sí mismo.

La película puede ser predecible, pero el cinismo, el descaro y la locura que proyecta McAvoy nos hacen dudar entre si estamos viendo un “viaje” fallido de un adicto o si estamos como invitados a un paseo por la esquizofrenia que lo persigue y desde la cual puede arañar por algunos momentos la ilusión de una vida “normal”.

Mención honorífica, además de la actuación antes comentada claro, para la música que quedó bajo la batuta de Clint Mansell y quien demostró una habilidad para adaptarse a la perversión y a lo caótico de las imágenes en donde combina desde música infantil hasta piezas de orquesta. Geniales me resultaron el fondo de Billy Ocean y el nuevo nivel que le imprime a Creep de Radiohead.

Imogen Poots me pareció limitada en su papel porque la he visto hacer cosas mejores y Jamie Bell me da la impresión de que decidió quitarse la imagen de Billy Eliot con papeles totalmente opuestos a sus primeros años como actor. Muy bien los dos pero tal parece que esta película es sólo para James McAvoy y los demás están ahí para hacerlo brillar desde un fondo muy oscuro.

Para que usted no salga con el estómago revuelto y mal sabor de boca Jon S. Baird nos regala unos créditos muy animados, por favor no se los pierda, muy rosas y muy negros a la vez, pero serán suficiente para recordarle que lo que usted vio es una comedia.