Las nubes de María

Después de haber trabajado con el director Oliver Assayas hace algunos años en Summer Hours (2008), la actriz Juliette Binoche le pidió que escribiera un papel para ella acerca de una actriz y las inseguridades que vienen con el paso del tiempo, el narcisismo propio de un actor y la realidad de una industria artística que no perdona. El resultado se convierte entonces en un ejercicio de meta-ficción con tintes de All About Eve (1950) y Persona (1966) que se adentran en la psique de actrices obsesionadas por su trabajo y esa pugna entre los destellos del pasado y lo que les depara el futuro.

Maria Enders (Binoche) es una famosa actriz que empezó su carrera en el teatro para después dejarse apantallar por el mundo del cine.

La obra que la llevó a la fama se titula “La Serpiente de Maloja” y trata de una mujer madura que es atormentada por su joven empleada. Cuando un renombrado director de teatro le pide que participe en una nueva puesta en escena de esta obra –pero ahora interpretando el papel de la mujer mayor- a Maria le horroriza e intriga en igual dosis, pero decide aceptarlo en gran medida influenciada por su asistente personal, Valentine (Kristen Stewart).

Lo que prosigue es un escape a los Alpes Suizos en que Maria se enfrenta a sus peores demonios al ensayar la obra que alguna vez le dio fama pero que ahora –invirtiendo los roles- no termina de entender, o quizás es que no quiere hacerlo. La crisis que enfrenta se intensifica en conversaciones que tiene con Valentine –por momentos más confidente que empleada-, en que ambas expresan sus opiniones sobre la vida y el mundo mientras deconstruyen los personajes según los puntos en los que se encuentra cada una, dando pie a una interesante exploración sobre el juego de poder entre la sabiduría que da la experiencia y la desfachatez propia de la juventud. Este choque generacional y el subsecuente intercambio de ideas entre dos inteligentes mujeres representan las mejores escenas de la película, y dan pie también a un interesante subtexto sexual en que la delgada línea entre realidad y ficción mientras leen los diálogos de la obra se torna cada vez menos visible.

Añadiendo un nivel más a esta complicada dinámica entra en escena Jo-Ann Ellis (Chloë Grace-Moretz), la joven actriz que protagonizará la obra junto con Maria. Esta actriz recién estrenó una película de superhéroes y está constantemente envuelta en escándalos en una época en que los paparazzi siguen todos los pasos de los famosos. Maria la ve con resentimiento, pero también le provoca curiosidad quizás porque se ve reflejada en ella pero transportada a un mundo moderno constantemente cambiante que por la tecnología y la competencia se mueve a pasos agigantados. ¿Pero es realmente esta joven quien representa su mayor rival o la sombra de su propia juventud? Sobre estas líneas hay una escena cómica después de que Maria y Jo-Ann se conocen que me parece muy reveladora: Maria reconoce que –para su sorpresa- Jo-Ann le agradó, a lo que Valentine –siempre su voz de la razón- le hace ver lo predecible de esta reacción siendo que Jo-Ann la llenó de elogios durante todo el encuentro. Las preocupaciones y prejuicios pasaron entonces a un segundo plano; actriz al fin y al cabo.

La película exige mucho del espectador. Es algo lenta, episódica y no escatima en diálogos, aparte de que podría haber terminado al final del tercer capítulo y su impacto, en mi humilde opinión, hubiera sido más fuerte. Sin embargo también cuenta con numerosos deleites, sobretodo en la peculiaridad de presentar una historia demujeres sobre mujeres, en que sus vidas y conversaciones no siempre giran alrededor de los hombres y donde temas como el arte, los artistas, el legado, la modernidad y las preconcepciones toman un rol central dando pie a la reflexión e incluso a replantearnos nuestras propias ideas. El lucidor escenario y la fotografía de Yorick Le Saux son también un agasajo, y Assayas incluso rescata una película alemana de Arnold Fanck (1924) que captura el impresionante fenómeno natural conocido como “La Serpiente de Maloja”.

Finalmente están las actrices, que en ese constante rapport sacan lo mejor de sus contrapartes. Juliette Binoche le imprime a su personaje mucha naturalidad y empatía, lo cual contrasta con la rigidez y ansiedad de una Kristen Stewart en el que es quizás su mejor papel a la fecha; Assayas logra que por momentos se salga del molde que le conocemos para entregar una actuación con más matices y fuerza. Chloë Grace-Moretz, por otro lado, se divierte con su papel y encuentra el tono adecuado en lo que podría haber sido una caricatura. Al final de cuentas, un gran lucimiento actoral de todas.