Reseña: Antes de que nos olviden

Llegamos con tiempo al Teatro Diana listos para la gala del Festival Internacional de Guadalajara, decidí traer a mi hermana. Pocas ocasiones para convivir con la familia y el documental por presentarse sonaba como un tema interesante para la licenciatura que está estudiando.

Lo primero que me sorprendió fue el ver a la gente que vitoreaba a las personalidades que iban llegando a la alfombra roja. No estaba seguro si esperaban a alguien especial pero me pareció uno de esos rituales que en pequeña escala pierden todo lo mágico. Definitivamente las alfombras rojas se ven mejor en la tele.

Mi hermana me apuró a entrar. Probamos un trago de un tequila que se patrocinaba en el lobby de la muestra y pasamos a nuestro lugar.

La sala tenía muchos lugares vacíos, tal vez los documentales sobre temas duros no eran tan demandados entre los asistentes. Apagaron las luces unos minutos antes de las 9 y entró el presentador de la película.

“Antes de que nos olviden” es un emotivo documental del director Matias Gueilburt en el que tiene un claro objetivo, dar un rostro a las escandalosas cifras de de las muertes en la guerra contra el narco; ese experimento fallido que emprendió un presidente de la república sin medir las dimensiones del problema, o pensar una estrategia integral, o siquiera tener un poco de sensatez al jugar con avisperos.

Según el INEGI este proyecto de legitimación dejó un saldo de más de 120 mil personas. En la cinta, se cuenta la historia de esta epidemia de violencia desde la voz no solamente de analistas, personajes reconocidos y científicos sociales, sino de las personas que han vivido y continúan sintiendo el dolor en carne viva.

Los testimonios son desgarradores. Muertes de inocentes, investigaciones que no van para ningún lado, autoridades sin respuestas y un pueblo indefenso que se ve amenazado al mínimo intento de buscar justicia.

En la dimensión técnica, Gueilburt cuenta esta sombría historia con un ritmo adecuado. Utiliza material gráfico sensible, más no abusa de él. Intercala de manera adecuada los comentarios de los testimonios con el análisis de los expertos y permite que el espectador se sensibilice con las historias que dan una nueva dimension a esos números que muchas veces carecen de humanidad.

En ese sentido, uno de los mayores logros de esta película es justamente retratar un momento significativo de nuestra historia contemporanea lejos de los discursos políticos y cercanos a la cotidianidad de la gente que vive el miedo día a día.
Termina la proyección, suena la voz de Saúl Hernández en la canción que le da nombre al documental. Mi hermana se limpia las lagrimas mientras su mano aprieta la mía. Ha sido una experiencia difícil.

Todos tenemos a alguien a quién llorar en la tierra de los muertos y los enanos con complejos de Napoleón. El dolor es compañía obligada en esta segunda decáda del siglo XXI y solo queda esperar que no seamos los siguientes en la lucha contra el olvido.