Tres documentales sobre la complejidad humana: Ambulante Jalisco

Estamos de Ambulante en Guadalajara y como era de esperarse los tres primeros documentales que vi resultaron muy buenos y muy recomendables. Les platicamos:

Pervert Park

En los adentros de barrio en la Florida, viven hacinados ex-convictos por crímenes sexuales contra menores y por ley, estas personas no pueden vivir cerca de zonas donde confluyen niños. Los directores Frida y Lasse Barkfors entrevistan a varios de sus habitantes, haciendo algo por demás polémico pero también necesario: humanizarlos. Es un documental interesantísimo por la forma en la que juega con nuestros propios sentimientos y prejuicios al respecto; algunos de los crímenes que escuchamos son espantosos, pero ¿hasta qué punto se debe seguir castigando a estas personas que cumplieron sus condenas y buscan rehacer su vida? Personas que en su gran mayoría sufrieron abuso desde chicos y luego fueron a repetir el patrón. Escena tras escena nos plantea este escenario, pasando por la indignación sobre la forma en la que el sistema y la sociedad los trata, pero luego preguntándonos: ¿Y si hubiera sido mi hijo? ¿Mi hija? Las respuestas no son fáciles, y al terminar me quedé con ganas de que rascara todavía un poco más en el tema, pero el final es poderoso y el documental bien vale la pena.

Miedo al 13

Cuenta la historia de Nick Yarris, un hombre que fue condenado a muerte por presuntamente asesinar a una señora, pero que siempre mantuvo su inocencia y tras pasar 23 años en la cárcel acepta contar su historia ante las cámaras. A pesar de que el documental entero es básicamente una larga entrevista a Nick -lo cual puede llegar a cansar un poco-, la historia sobre su vida y su fatídico arresto es muy peculiar, aunado a que el hombre es muy carismático y un excelente narrador. El subtexto pone la lupa sobre lo roto que está el sistema jurídico de Estados Unidos y lo que esto puede hacerle a la vida de una persona; muy impactante.

Corazón de perro

Documental que llega con más caché, ya que compitió por el León de Oro en el pasado Festival de Cine de Venecia y ha ganado varios premios desde entonces. No es para menos, se trata de una joyita difícil de describir, en la que la artista Laurie Anderson presenta una especie de monólogo interior que parte de la relación con su perrita Lolabelle, pero que se mueve por caminos misteriosos y termina siendo una profunda reflexión sobre la mortalidad, lo efímero de los recuerdos, la excesiva intranquilidad después del 9/11, el comportamiento de la naturaleza, la familia que cada quien creamos, la inocencia de la niñez, los sueños y las añoranzas. Increíblemente -y aunque parezca que nada de esto está relacionado entre sí- la directora logra crear un todo coherente a base de su propia narración y música, además de imágenes de archivo, animaciones y videos caseros; todo aderezado con un peculiar sentido del humor y una tranquilidad que conmueve. Maravillosa.