Luces, tambores... ¡Japón! / Festival Cervantino '14

Vía: Revista Golfa

Desde que la luz del sol iluminó la capital cervantina este 8 de octubre, por todas partes en las calles ya se respiraba a Japón. Pero no fue sino hasta las 20:00 horas en la Explanada de la Alhóndiga, que la presencia del país invitado por segunda vez (la primera en 2005) al Festival Internacional Cervantino se hizo oficial.

Tokyo Dageki Dan, grupo de percusiones conformado desde 1995, con su espectáculo titulado Tambores japoneses, fue el seleccionado para dar inicio a la fiesta cervantina que se prolongará a partir de esta fecha durante diecinueve días.

Antecedido por un intenso caos vial desde tempranas horas de la tarde y una multitud de gente esperanzada por tener la oportunidad de acceder al evento (de la cual lo logró poco más de la mitad), el espectáculo dio inicio con la entrada de seis hombres jóvenes y sonrientes por debajo del escenario, los cuales avanzaban al compás de los tambores que ellos mismos portaban y hacían sonar, mientras que en las primeras filas del público se ondeaban algunas banderitas japonesas y los espectadores se extendían también sobre las bardas que limitan al recinto y las ventanas y azoteas de las casas vecinas.

Luego de un amable esfuerzo por parte de uno de los artistas al presentarse ante el público con un discurso en español, el grupo ejecutó a lo largo de aproximadamente dos horas, doce piezas musicales cambiando o añadiendo tambores muy diversos en cada número, e insertando en algunos el sonido ventoso de una flauta.

Con su música, Tokyo Dageki Dan no se limita a preservar los aspectos rituales, religiosos y festivos del Japón milenario -en este caso, del tambor y sus vibraciones hipnóticas como símbolo (de la tierra, el corazón, el ritmo natural de las cosas…) en la cosmovisión japonesa-; sino que también pretende enriquecerlos en el presente y para el futuro a través de la experimentación con las numerosas y variadas vibraciones, afinaciones y medidas del taiko(tambor japonés). En este espectáculo destaca también la propuesta artística en la que la ejecución del instrumento es acompañada por cuadros más bien dancísticos y teatrales según la intención e intensidad (desde el humor hasta la profunda sacralidad) contenida en cada pieza, y en las cuales tienen lugar juegos y rutinas corporales y malabaristas, además de una rica expresividad facial.

No podría concluirse esta reseña sin hacer notar la agilidad de los artistas al ejecutar secuencias rápidas en extremo y cuya coordinación resultó sorprendente, incluso en lo que, en apariencia, carecía de ello; pero sobre todo, y quizá siendo el comentario más recurrente entre la audiencia, la consecuente fuerza manifiesta en la musculatura de sus brazos, característica que les hizo merecedores, asignado por algún espectador, del título “atletas musicales”.

Junto con la ya tradicional presentación pirotécnica, así dio inicio la cuadragésima segunda edición del Festival Internacional Cervantino, en donde no faltó la crítica entre la prensa (expulsada de los asientos destinados a los medios para la cobertura del evento debido a ‘fallas’ de logística inaugurales) con el cuestionamiento “¿por qué Japón, habiendo tantos países en el mundo y no habiendo pasada ni una década, fue electo nuevamente para esta edición?”. La respuesta a lo anterior está contenida en intereses políticos cuyos efectos y beneficios que, aun cuando se venden como prósperos y esperanzadores para la totalidad del pueblo y envueltos en una “fiesta del arte y la cultura”, resultan inciertos…
De cualquier forma, durante estos días de jornadas cervantinas la diversidad entre el país invitado y el anfitrión será más que contrastante y, si concerniese meramente al arte y a la cultura, en suma atractiva y enriquecedora.