Rebeca Kahmlichi

La realidad camina por las calles de un castizo barrio de Madrid tiñéndolo todo de seriedad. Ajena a esta imagen, Rebeca Khamlichi sonríe. Mitad pintora, con aires de diseñadora gráfica, mitad maquilladora profesional, es una perfeccionista. Su perro, el Señor Antonio, mira cada día a una chica de amplia sonrisa que asegura negarse a crecer. Rebeca parece haber vivido miles de vidas antes de ésta que nos ha tocado conocer. Estoy convencido que, entre otras cosas, le tocó ser un marino rudo, una cantante de copla y una poetisa japonesa. En ella caben mil vidas y nos las cuenta todas con cada trazo de su pincel. Mezcla la iconografía religiosa con los dibujos animados. Le roba a la vida su lánguido argumento y nos devuelve unas imágenes ricas en colorido, infantiles en apariencia pero bastante deprimentes si te fijas con atención. El mensaje está claro, ella también ha visto la gris imagen de la realidad caminando bajo el balcón en el que pinta pero, su sonrisa no se va a dar por vencida.