Sana esquizofrenia (o de la posibilidad de la censura no admitida): el caso Hermann Nitsch

Parto de la premisa, quizá errónea, de que nos gusta la libertad de expresión. Nos gusta el arte. A muchos, incluso, nos gusta la carne. Las series de psicópatas (y hasta caníbales) nunca tuvieron mejor rating. ¿Por qué, entonces, fue cancelada la exposición de Hermann Nitsch?

Existe una gran posibilidad de que creamos ser entes pensantes, y que pese a que la historia, la ciencia y casi cualquier rama del saber humano nos diga lo contrario, tenemos la razón. Quizá en voz alta no lo digamos nunca, pues es mal visto (es un gesto propio de narcisistas y cínicos, dirían muchos). La cosa es que, más allá de nuestra negativa a “etiquetar” un rasgo común en tantos, lo hacemos. Estamos como aquellos que, en Harry Potter, decían “el que no debe ser nombrado” para no decir Voldemort. Dicho de otro modo: lo decimos sin tener, quizá, el valor de afrontar el tabú que esto puede ser para otros.

La cosa con Nitsch, como con Nietzsche y muchos otros entes humanos, es que pecan por incomodos. ¿A cuántos les han prohibido a leer sus obras? Porque, aun cuando la moda intelectual en Facebook indica que todos lo han hecho, yo me pregunto si realmente lo han leído y, de ser así, qué habrán entendido. ¿Se creen superhombres? ¿Por qué aún no se prohíbe leer a Nietzsche? Tan mal que hablaba de las izquierdas, de los oprimidos, de los desvalidos y de las mujeres (todo sobre lo que hoy se habla bien, so pena de caer en una zona peligrosa donde no hay escapatoria sin ser acusado de discriminatorio, fascista y machista). Hasta se atrevió a decir que dios había muerto, y que nosotros lo matamos. ¡Los cristianos deberían prohibir que sus seguidores lean semejante herejía! (quizá lo hacen y yo no lo sé, disculpen la ignorancia).

Con Nitsch parece ser la misma cosa. Si lo que hace es o no arte puede ser un tema a discusión (uno que creo muy válido, más no carente de ideología sujeta a un debate con probabilidad de alargarse al infinito). Lo realmente interesante, notable ante todo, fue cancelar la presentación. ¿Se debió a las quejas de la gente? Para quienes no sepan, él usa los cuerpos de animales no humanos (muertos) como objetos “ceremoniales”, los que convierte en “arte”.
¿Su justificación? Que el cuerpo y la sangre son transgresores. ¿No son chocantes, para muchos, los performances con sangre vaginal? ¿No son, igualmente transgresores, los cuerpos desnudos en cierta clase de manifestaciones? ¿No se ha vuelto el cuerpo mismo un objeto de discusión hasta el punto de la saturación? Quizá no está del todo en la sinrazón

No es mi intención comparar causas, ni manifestaciones, sino hacer notar cuán delgados y cuán frágiles son los estándares que imponemos y que, esperamos, los otros cumplan. Porque hoy se da por hecho qué debería ser un ser humano civilizado, racional y de bien (como lo hacía antes la religión, o el estado, más ahora es la ética y la moral elevada, lo políticamente correcto), más no se dice expresamente (¿Cómo una orden, quizá?). ¿Por qué no se dice ya, tal como la petición para cancelar su exposición, qué si es válido hacer y qué no? Decía Nietzsche que la verdad es aquello que se dice por consenso sobre algo, y que la mentira es aquello con lo que el colectivo segrega a aquellos que no encajan en la verdad que ellos mismos se han contado. O como diría Philip Dick, lo peligroso está en que aquellas realidades que se nos venden son tan sutiles y tan bien orquestadas que no nos damos cuenta de que están ahí hasta que somos presos de ellas. Porque, en la sociedad de la inclusión, el respeto y el amor a la vida (luego de tres meses en gestación, cabe aclarar), algo como la obra de Nitsch es intolerable. Es más, NO es arte.

Porque la discusión de si algo es arte o no es válida cuando tal cosa incomoda, pero no antes, cuando alguien lanza una botella con pintura a un lienzo y se te llama ignorante por no “entenderla”. Porque lo que importa no es si algo es o no es arte, sino que hay algo que no nos gusta, contra lo que creemos, y que como seres emocionales e instintivos que somos buscamos que tal cosa sea borrada del mapa sin dejar rastro alguno. En el fondo, quizá Nitsch tiene razón y quizá entiende algo que los demás no entendemos. Porque, al final de todo, ha llamado más la atención que otros tantos artistas. ¿En eso se ha convertido el arte? Su obra, por horrible que pueda parecer, movilizó a la gente con un fin común: erradicarla.

¿Por qué, entonces, fue cancelada la exposición de Hermann Nitsch en el Museo Jumex? La respuesta, creo yo, es tan simple como aparentemente absurda: porque cumplió su meta.